El día de hoy me reencontré con mis amigos de la infancia, ¿quién nos diría que serían las redes sociales las tejedoras de nuestros destinos al permitir encontrarnos en el mar de almas que buscan contactar unas con otras?
De ese grupo tan peculiar que comenzamos siendo 16 pequeños en preprimaria (1978) terminamos 25 adolescentes en tercero de secundaria (1998), con sus obvias sumas y restas, con horas de risas, de llantos, de frustraciones, y logros, aprender las primeras letras, entender el valor de un amigo, comprender que un momento se va pero se queda en la mente, en el corazón, en el ser, que todo queda grabado para siempre a través de los detalles, las frases, los sueños y finalmente las realidades individuales y compartidas.
"...acepto que el mundo es misterioso y en él todo es posible" (Isabel Allende -El cuaderno de Maya-) tan misterioso como el que después de ser tan unidos, al entrar a las diversas Prepas a las que fuimos aceptados, muchos perdimos contacto, quizás por esa necesidad de descubrir el mundo y comérnolos a puños, tan posible que después de muchos, muchos años retomamos el camino juntos, constatando que en realidad hay cosas que nunca cambian como el amor que descubrimos en los primeros años de vida, como la amistad que pactamos en la adolescencia, y que difícilmente encontramos en otras etapas de la vida, quizás por ello nos amoldamos tan bien al vernos, quizás por eso sea tan sencillo reconocernos en los otros.
Es verdad, ha pasado el tiempo... muchos se han multiplicado, otros han encontrado su razón de vivir, otros seguimos en la búsqueda, lo constante es quizás ese brillo en la mirada que nos refleja al niño y adolescente que una vez fuimos, es por eso que nos da tanto gusto reunirnos, por que juntos creamos esa magia, que por unas horas nos permite tocar el ayer en el hoy, dónde todo se antojaba tan simple como sencillo puede ser...
PmB


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